MARTESCLASS
LA CONVERSACIÓN FINAL
NO EXISTE UNA MANERA ELEGANTE DE DECIRLE A ALGUIEN QUE SE VA A LA CALLE
PERO SÍ EXISTE UNA MANERA DECENTE DE HACERLO
Una Martesclass para empresarios, directivos y responsables de personas que alguna vez tendrán que pronunciar la frase que nadie quiere decir.
Sin convertir un mal momento en un problema todavía mayor.
La mayoría de los directivos sabe contratar.
O cree que sabe.
Para despedir, en cambio, muchos llegan sin método.
Lo retrasan.
Lo delegan.
Lo improvisan.
O se sientan delante de una persona con un nudo en el estómago y cuatro frases prefabricadas que parecían buenas hasta que salieron por la boca.
Esto no suele aparecer en LinkedIn.
En LinkedIn todo el mundo cuida el talento, inspira equipos y pone a las personas en el centro.
Después llega un viernes cualquiera.
Cierras la puerta del despacho.
Tienes a alguien delante.
Y debes comunicarle que la empresa va a prescindir de sus servicios.
Ahí se acaba la purpurina del liderazgo.
Y empieza el trabajo por el que también te pagan.
Hay conversaciones en las que no vas a quedar bien
Esta es una de ellas.
La persona que tienes delante no va a agradecerte que hayas sido muy claro.
Puede quedarse en silencio.
Puede llorar.
Puede enfadarse.
Puede intentar negociar.
Puede amenazarte.
O puede marcharse sin decir nada y empezar a odiarte mañana.
Tiene derecho a sentirse mal.
Le estás diciendo que una parte importante de su vida acaba de cambiar.
Tu responsabilidad no consiste en lograr que se lo tome bien.
Consiste en no empeorarlo.
No vas a eliminar el dolor.
No vas a conseguir que salga sonriendo.
No vas a convertir el despido en una experiencia memorable valorada con cinco estrellas.
Lo que sí puedes hacer es evitar que tu miedo, tu torpeza o tu necesidad de justificarte añadan más daño al que ya existe.
NO ES UN MOMENTO PARA BRILLAR
ES UN MOMENTO PARA SOBREVIVIR SIN LLEVARTE A NADIE POR DELANTE
Hay decisiones en las que puedes lucirte.
Esta no es una de ellas.
Aquí no ganas por parecer brillante.
Ganas si eres capaz de atravesar la conversación con claridad, firmeza y humanidad.
Sin humillar.
Sin hacer teatro.
Sin abrir negociaciones que ya no existen.
Sin decir cosas destinadas a aliviarte a ti que pueden destrozar un poco más a quien tienes enfrente.
Y sin salir del despacho convertido en el difunto del funeral.
Porque puedes pasarlo mal.
Es normal que lo pases mal.
Pero la persona que se queda con la mochila no eres tú.
El problema no termina cuando esa persona sale por la puerta
Después del despido quedan más personas dentro.
Personas que miran.
Personas que preguntan.
Personas que interpretan.
Personas que se preguntan qué ocurriría si algún día fueran ellas.
Tu equipo no solo juzgará si la decisión era correcta.
Juzgará cómo la preparaste.
Cómo la comunicaste.
Si diste la cara.
Si respetaste a quien ya no estaba para defenderse.
Si actuaste como un líder fiable o como alguien que tira la piedra y esconde la mano detrás de Recursos Humanos.
Cada despido enseña a los que se quedan qué clase de empresa tienen.
Y qué clase de jefe eres tú.
Por eso un despido puede terminar una relación laboral y, al mismo tiempo, empezar una crisis de confianza con todo el equipo.
Cada despido puede presentar tres facturas
La emocional.
La reputacional.
Y la económica.
Puedes pagar las tres.
Incluso cuando la decisión era necesaria.
Incluso cuando la indemnización era correcta.
Incluso cuando el trabajador llevaba meses demostrando que no podía continuar.
Una decisión correcta también puede ejecutarse de una manera desastrosa.
Y una mala conversación puede convertir un problema que terminaba ese día en otro que apenas empieza.
ES UN MOMENTO PARA SOBREVIVIR SIN LLEVARTE A NADIE POR DELANTE
Empieza mucho antes.
Y no termina cuando cierras la puerta.
Lo que ocurra durante la conversación dependerá en buena medida de lo que hayas hecho antes de sentarte.
Y lo que ocurra en la empresa después dependerá de cómo hayas atravesado ese momento.
Un despido que cae del cielo suele ser más traumático, más conflictivo y más caro.
También puede ser el recibo de meses de silencios, mensajes ambiguos y jefes que esperaban que sus trabajadores desarrollasen telepatía.
La Martesclass La conversación final no se limita a enseñarte qué decir en el despacho.
Te proporciona un criterio para entender el proceso completo y llegar a esa conversación sin depender de la improvisación.
Nadie ensaya esta conversación
Ensayamos la presentación ante el consejo.
Ensayamos la reunión con un cliente importante.
Ensayamos el discurso de la convención anual aunque después digamos que nos salió de manera natural.
Sin embargo, una de las conversaciones más delicadas y potencialmente más caras de la vida de un directivo suele estrenarse con fuego real.
La primera vez que la dices puede ser también la primera vez que tu boca escucha las palabras.
Magnífico momento para improvisar.
¿Qué podría salir mal?
No necesitas aprender un parlamento de memoria para sonar como un robot funerario.
Necesitas un método.
Una estructura que te permita saber qué trabajo corresponde a cada momento.
Un criterio al que regresar cuando la otra persona reaccione de una forma que no esperabas.
Y unas palabras suficientemente preparadas para que tu nerviosismo no tome el mando de la conversación.
No voy a enseñarte a despedir barato
Esta Martesclass no sirve para conseguir que alguien se marche por su propio pie.
No sirve para ahorrarte una indemnización.
No sirve para fabricar un infierno laboral hasta que la persona se rinda.
No sirve para buscar el resquicio jurídico con el que pagar menos.
Si eso es lo que buscas, no la compres.
Y, ya que estamos, procura no dirigir personas.
La Martesclass parte de una premisa bastante poco revolucionaria:
si despides a alguien, la empresa deberá asumir las obligaciones que legalmente le correspondan.
Antes de ejecutar nada tendrás que hablar con Recursos Humanos, con el departamento legal o con el profesional que asesore a tu empresa.
Aquí no recibirás asesoramiento jurídico.
Recibirás algo que tu abogado no siempre puede darte:
un método de comunicación para afrontar la parte humana y directiva de una decisión que ya ha sido tomada.
NO COMPRAS UN TEMARIO
Podría escribir una lista larga.
Módulos.
Fases.
Técnicas.
Errores.
Frases.
Casos especiales.
Y algún bonus valorado en una cantidad obscena para que todo pareciese más pesado y, por tanto, más valioso.
No.
No compras diecisiete trucos para echar a alguien.
Compras criterio.
Mi criterio.
He despedido a cientos de personas.
Y sigo diciendo que el peor despido siempre es el último.
El que acabo de tener que hacer.
Un criterio construido después de tener que hacerlo muchas veces.
Después de acertar.
Después de equivocarme.
Después de ver llorar, enfadarse, negociar y amenazar.
Después de descubrir que algunas de las frases que decimos para reducir nuestra incomodidad solo consiguen aumentar la del otro.
Y después de llegar a una manera de hacerlo con la que sigo sintiéndome mal (porque lo contrario sería preocupante), pero con la que me siento más seguro y genero menos problemas.
No te presento una verdad universal.
Te presento el método que me habría gustado tener antes de mi primer despido.
Y también antes del peor.
Lo que compras
Una clase grabada de aproximadamente 80 minutos.
Una.
Sin horas de relleno para justificar el precio.
Sin diploma para acreditar que ya puedes despedir seres humanos.
Sin comunidad privada para compartir fotografías del momento.
Sin acompañamiento espiritual.
Durante la Martesclass conocerás el criterio con el que preparo y conduzco todo el proceso comunicativo que rodea un despido.
Comprenderás qué debe estar resuelto antes de sentarte.
Cómo evitar que tu necesidad de explicarte se convierta en una condena de veinte minutos.
Cómo combinar compasión y firmeza sin ser frío ni abrir una negociación.
Qué clase de expresiones parecen humanas, pero suelen buscar únicamente que tú te sientas menos culpable.
Cómo mantener el control cuando la reacción del otro complica la conversación.
Y qué estará juzgando tu equipo cuando todo haya terminado.
No saldrás con una fórmula para que un despido deje de doler.
Saldrás con un método para no improvisar mientras duele.
Esto solo tiene sentido si hay algo en juego
El puesto de trabajo de una persona.
La dignidad con la que sale.
Tu tranquilidad emocional.
El dinero de la empresa.
La confianza del equipo.
La cultura que dices defender.
Tu credibilidad como líder.
Si para ti despedir consiste en entregar una carta, recoger un portátil y desactivar una contraseña, no necesitas esta Martesclass.
Ya tienes un procedimiento.
Lo que te falta es otra cosa.
Si entiendes que delante de ti habrá una persona, detrás de la puerta un equipo y alrededor una empresa que seguirá funcionando al día siguiente, entonces sí puede servirte.
Mucho.
Para quién es
Para empresarios.
Para directivos.
Para responsables de equipo.
Para profesionales de Recursos Humanos.
Para quienes asesoran a empresas y participan en estas conversaciones.
Para cualquiera que tenga autoridad sobre otras personas y sepa que, tarde o temprano, puede tener que ejercerla en el peor momento.
También es para quien todavía no tiene ningún despido encima de la mesa.
De hecho, ese es el mejor momento para verla.
Cuando la conversación ya está convocada, el reloj no suele ser un gran profesor.
Para quién no es
No es para trabajadores que quieran prepararse para recibir un despido.
No es un curso de derecho laboral.
No es una formación de Recursos Humanos desde cero.
No es para quien busca trucos con los que evitar obligaciones legales.
No es para quien quiere empujar a alguien hasta que se marche voluntariamente.
No es para quien confunde firmeza con humillación.
No es para quien cree que la empatía consiste en decir cuatro frases bonitas antes de poner a alguien en la calle.
Y no es para quien piensa que, como paga la nómina, puede hacer cualquier cosa.
Poder, puedes.
También puedes meter un tenedor en un enchufe.
Lo que no voy a prometerte
No voy a prometerte que la persona se lo tomará bien.
No voy a prometerte que entenderá tus motivos.
No voy a prometerte que reconocerá que la decisión era previsible.
No voy a prometerte que no habrá conflicto, reclamaciones ni muñequitos con tu cara llenos de alfileres.
No controlo la reacción de la otra persona.
Tú tampoco.
Lo que sí puedes controlar es cómo llegas, qué dices, cómo lo dices y qué haces después.
Y puedo enseñarte el método que utilizo para reducir las probabilidades de que una situación desagradable se convierta, además, en un desastre.
Después de ver la Martesclass podrás decidir no utilizarlo.
Pero si vuelves a improvisar, ya no será porque nadie te explicó otra manera.
NO DESPIDAS A LA GENTE COMO CREES QUE SE LO MERECE
DESPÍDELA COMO SE MERECEN LAS PERSONAS QUE SE QUEDAN
Esta es una de las ideas más importantes de la Martesclass.
El trabajador que sale juzgará tu comportamiento.
Pero quizá no vuelva a verte.
Quienes se quedan sí.
Ellos recordarán si diste la cara.
Si fuiste claro.
Si mantuviste la confidencialidad.
Si protegiste la dignidad de alguien que ya no podía defenderse en la conversación de pasillo.
Y si fuiste capaz de ejercer el poder sin utilizarlo para hacerte el poderoso.
No estás construyendo cultura cuando escribes los valores en una pared.
La estás construyendo cuando todos miran cómo tratas a quien acaba de perder su sitio en la empresa.
Disponibilidad y acceso
Esta Martesclass está disponible durante la ventana indicada.
Después se retira.
Y cuando vuelva, subirá de precio.
Disponible hasta: [DÍA] a las [HORA].
Precio: [PRECIO] € + IVA.
La compras.
Recibes la factura y el acceso.
La ves cuando quieras.
O la dejas guardada hasta que aparezca esa conversación que nadie quiere tener.
Mi recomendación es que no esperes a ese día.
Prepararse con alguien sentado al otro lado de la puerta tiene un nombre.
Y no es preparación.
Última llamada
Es posible que ahora mismo no sepas quién será.
Mejor.
Es posible que no tengas ninguna decisión tomada.
Mejor todavía.
Pero si diriges personas durante el tiempo suficiente, es probable que algún día llegue.
No habrá una diapositiva que te rescate.
No habrá un comité al que pasarle la palabra.
No habrá una frase mágica capaz de hacer que aquello deje de doler.
Habrá dos personas.
Una decisión.
Un silencio.
Y una conversación que los dos recordaréis durante mucho tiempo.
Puedes llegar a ella con un método.
O puedes confiar en lo que se te ocurra cuando tengas el estómago encogido.
La decisión ya será dolorosa.
La improvisación es opcional.
PREGUNTAS IRREVERENTES
¿ESTO ES ASESORAMIENTO JURÍDICO?
No.
Ni pretende parecerlo después de aprender tres latinajos.
Antes de realizar un despido debes revisar la situación con Recursos Humanos, con el departamento legal o con tu asesor laboral.
La Martesclass aborda la comunicación y la actuación directiva alrededor de ese proceso.
¿ME ENSEÑARÁS A PAGAR MENOS?
No.
Esta clase parte de que pagarás lo que legalmente corresponda.
Si buscas una fórmula para conseguir que alguien se marche sin indemnización, te has equivocado de producto.
Y probablemente de problema.
¿CONSEGUIRÉ QUE LA PERSONAS SE LO TOME BIEN?
No puedo conseguir eso.
Tú tampoco.
Puedes ser respetuoso, claro y compasivo.
La otra persona seguirá teniendo derecho a enfadarse, llorar o pensar que eres un cabrón.
La Martesclass no elimina esa posibilidad.
Te ayuda a no darle motivos adicionales.
¿ME SIRVE SI NUNCA HE DESPEDIDO A NADIE?
Especialmente.
La primera vez no es el mejor momento para descubrir qué clase de directivo eres bajo presión.
Tener un método no hará agradable la conversación.
Hará que no dependas únicamente de tus nervios.
¿Y SI TENGO QUE DESPEDIR A ALGUIEN MAÑANA?
Habla primero con quien deba revisar la parte legal y administrativa.
Después mira la Martesclass.
Por ese orden.
La humanidad no corrige una chapuza jurídica.
Y una carta impecable tampoco corrige necesariamente una chapuza humana.
¿ME DARÁS LAS PALABRAS EXACTAS?
Escucharás cómo estructuro yo la conversación y cómo la conduciría en distintos escenarios.
Pero no vas a comprar un conjuro.
Las palabras ayudan.
El criterio decide cuándo y cómo utilizarlas.
¿POR QUÉ DEBERÍA ESCUCHARTE A TI?
No porque tenga una certificación de despedidor homologado.
No existe.
Porque he tenido que despedir a cientos de personas.
Porque algunas conversaciones salieron razonablemente bien.
Porque otras me enseñaron exactamente qué no volvería a hacer.
Y porque he convertido esas experiencias en el método que utilizo hoy.
No es infalible.
Es real.
Advertencia importante: esta Martesclass es una formación sobre comunicación y actuación directiva basada en la experiencia personal de Marcelo Castelo. No constituye asesoramiento jurídico, laboral ni de Recursos Humanos y no sustituye la revisión profesional de cada caso.